Pastoral Juvenil Vocacional APM

Desiderio Desideravi: he deseado con anhelo

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Conoce un poco más

Carlos Omar Bustamante López, Consejero de Liturgia Joven del Consejo de la Pastoral Juvenil Vocacional y miembro de la Pastoral de Liturgia y Espiritualidad elaboró una guía para seguir la  extraordinaria e importante Carta Apostólica Desiderio Desideravi redactada por el Santo Padre el Papa Francisco con motivo de la solemnidad de San Pedro y San Pablo, que en si misma es un pequeño pero completo compendio para entender y apreciar la liturgia. Omar, como gusta que le llamen, nos dice entonces:

Al celebrar hoy 29 de junio la Solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, el Papa Francisco publica una carta apostólica llamada “Desiderio Desideravi” que podríamos traducirlo del latín al español como “He deseado con anhelo” o bien: “Ardientemente he deseado” sobre la formación litúrgica del Pueblo de Dios. Con esta carta, dice el Papa: quiero ofrecer simplemente algunos elementos de reflexión para contemplar la belleza y la verdad de la celebración cristiana.

La carta está dividida en 8 pequeñas secciones y está escrita en 65 numérales en los cuales se nota un lenguaje asequible tan característico del Papa y nos coloca en una línea de profundización para redescubrir, valorar, custodiar, formar, difundir y vivir la liturgia.

El Papa comienza la carta citando el evangelio de Lucas y nos invita a vislumbrar la profundidad del amor de las personas de la Santísima Trinidad al entender que Jesús ardientemente ha deseado celebrar la Pascua con sus discípulos y no solo la celebrará en ese momento culminante de la historia, sino que además perpetuará esta acción en lo que es la Eucaristía. Además de especificarnos el objetivo de la última cena, que es sin duda, su infinito deseo de restablecer la comunión con nosotros.

Por lo anterior el Papa nos afirma contundentemente que no debemos de tener ni un momento de descanso sabiendo que no todos han recibido la invitación de participar del Banquete Pascual, u otros ya recibieron la invitación, pero las preocupaciones de la vida impiden que participen de él. A lo que la carta nos llama es a ser portadores de esta invitación para cada uno de los hombres y mujeres que vivimos en este tiempo. Su Santidad aclara que la Eucaristía no es una representación, sino que es aquello que era visible de Jesús y que ahora pasa a los sacramentos.

La liturgia es el verdadero lugar del encuentro con Cristo, que desde el bautismo comenzamos a experimentar ya que es la inmersión en su Misterio Pascual (Encarnación, Pasión, Muerte, Resurrección y Ascensión), por esto se nos da la posibilidad por medio del Espíritu Santo de morir y resucitar con Cristo.

El Papa en el numeral 21 insiste en que redescubramos cada día la belleza de la verdad de la celebración cristiana que emana de la presencia real de Jesucristo en su Iglesia mediante signos sensibles por medio de los cuales glorificamos a Dios y nosotros nos santificamos en comunidad y cita el número 7 de la Sacrosanctum Concilium.

Pero para llegar a la verdadera contemplación de la belleza litúrgica sin duda, hay que cuidar todos los aspectos de la celebración: espacio, tiempo, gestos, palabras, objetos, vestiduras, cantos, música, y observar la rúbrica y su espíritu. Por eso es tan importante preparar cada Celebración litúrgica, ya sea en un día feriado o en una gran solemnidad.

Cuando uno busca a Dios no lo encontramos en la individualidad de un solo personaje sino en la Trinidad de una comunidad de amor: un solo Dios en tres personas distintas y ante este “misterio” nos asombramos, pero no es un asombro en donde el hombre se quede perplejo, sin palabras. Más bien, y cito al Papa: “es la admiración ante el hecho de que el plan salvífico de Dios, nos haya sido revelado en la Pascua de Jesús y esto sin duda que es belleza y la belleza, cómo la verdad, siempre genera asombro, y este asombro divino nos conduce a la adoración.”

Me atrevo a afirmar que si no hay asombro, no hay adoración. Ya que el asombro es la parte esencial de la acción litúrgica. Es la maravilla de quien experimenta la fuerza del símbolo, que no consiste en referirse a un concepto abstracto, sino en contener y expresar, en su concreción, lo que significa.

El Papa a mitad de la carta vuelve al objetivo principal de la misma después de haber considerado la Sagrada Escritura y hacer una reflexión sobre el hombre moderno. Y pregunta: ¿cómo podemos crecer en la capacidad de vivir plenamente la acción litúrgica? ¿cómo podemos seguirnos asombrándonos de lo que ocurre ante nuestros ojos en la celebración? Al mismo tiempo afirma con claridad: necesitamos una formación litúrgica seria y vital. Esto es importante porque ya Sacrosanctum Concilium (SC) afirmaba que los fieles debemos participar plena, consciente, activa y fructuosamente de cada celebración, pero si no sabemos los significados de cada signo, si no sabemos el ritual, si no conocemos los tiempos, las preces, este deseo de la SC se vuelve estéril. Urge una formación litúrgica en cada joven de nuestra Arquidiócesis Primada de México, y no solo en los jóvenes, en todo bautizado.

Todo lo anterior para aclarar que, si necesitas encontrar a Dios, la celebración se convierte en el lugar privilegiado del encuentro con Él. Es cierto que el hombre moderno, nosotros mismos, estamos alienados a los medios digitales, a la violencia, a los problemas económicos, políticos y sociales y por esto dice Guardini: debemos aprender nuevamente a situarnos ante la relación religiosa como hombres en sentido pleno. Es decir, que debemos aprender a volver a estar en comunión con lo divino, por eso la liturgia es teándrica, porque es una comunicación humano- divina en donde Dios tiene la iniciativa de revelarse a nosotros y quiere volver a entablar esa comunicación con nosotros que fue fracturada por el pecado desde el principio.

El Papa propone difundir el conocimiento litúrgico fuera del ámbito académico, para que todo creyente crezca en el conocimiento del sentido teológico de la liturgia, a esto le llamamos catequesis litúrgico- mistagógica, es decir, una catequesis previa a los momentos celebrativos en donde se descubre el verdadero sentido de la celebración, los elementos que la componen y el preparar activamente los diversos ministerios y servicios que se han de ejecutar en dicha celebración. Esto es quizá lo que debamos emprender en la Pastoral Juvenil Vocacional de la APM, buscando que nuestros jóvenes comprendan el sentido litúrgico y puedan servir en los diversos ministerios con conciencia y maestría.

El Papa da una “guía pedagógica” de los elementos que debería tener toda catequesis litúrgica a saber: comprender los textos eucológicos; es decir, leer, comprender y darle el sentido genuino a cada texto oracional que viene en el Misal Romano. Comprender el dinamismo ritual ya que es importante conocer los elementos que compone cada celebración, saber si se canta el Gloria, si hay secuencia, si hay credo, en fin. Conocer el Rito de la celebración que se va a llevar a cabo y por último el valor antropológico que significa qué repercusiones traerá la misa para el hombre de fe, así como los gestos y postural corporales que el hombre articula con su cuerpo de tal modo que el cuerpo se vuelva expresión teológica del misterio celebrado.

El Papa se detiene en esta carta a explicitar la importancia que tiene la misma celebración dominical como fuente de catequesis e instrucción del Pueblo de Dios y nos recuerda que no sólo el presbítero presidente es el que celebra la Eucaristía. También es la asamblea formada por todos los bautizados, los que participamos de la Eucaristía como pueblo sacerdotal por la gracia del bautismo. La Iglesia, cuerpo de Cristo, es el sujeto celebrante y no solo es sacerdote, afirma el Papa.

El documento dedica del numeral 39 al 47 a la formación litúrgica en los seminarios tan necesaria para que los futuros sacerdotes primero se alimenten de la Eucaristía y una vez ordenados, puedan ellos alimentar al pueblo de Dios verdaderamente desde el Ars Celebrandi (el arte de celebrar bien).

Siguiendo esta misma línea del Ars Celebrandi, la Iglesia cuida a través de la liturgia el arte de celebrar para custodiar y crecer en nuestra fe ya que el mismo documento afirma que el Rito es en sí mismo una norma y la norma nunca es un fin en sí misma, sino que está al servicio de la realidad superior que quiere custodiar.

Siguiendo con la propuesta pedagógica del Santo Padre, él recomienda una verdadera comprensión del dinamismo que describe la liturgia, ya que es en el momento de la acción celebrativa donde se hace presente el Misterio Pascual, de ahí la importancia de saber cómo va el Rito y su ejecución santa, noble y bella.

Sabiendo el Rito de la celebración también es importante profundizar en su ser y sentido para conocer cómo actúa el Espíritu Santo en la celebración.

En los numerales del 50 al 54 el Papa aborda el tema del lenguaje simbólico, recuerda que una celebración nunca se improvisa y nos invita a volver a valorar los gestos y palabras (ritus et preces) que es un principio litúrgico en el cual sabemos que la acción divina se ejerce mediante el Rito orado (oraciones) y el Rito realizado (Ritos) si comprendemos bien los gestos y las palabras podremos experimentar sentimientos, actitudes y comportamientos ordenados en nuestro propio interior y así llegar a la unidad de alma y cuerpo. El Papa resalta el silencio y creo que es importante hacerlo y más en nuestra gente metrópoli ya que poco tenemos de experiencia del silencio en una ciudad que muchos dicen “nunca duerme”.

En los últimos numérales, es decir del 54 al 60, el Papa afirma que los presbíteros al momento de celebrar la Eucaristía también se forman a sí mismos y hace toda una relectura de algunos gestos que él mismo sacerdote celebra cuando está en misa.

La conclusión del documento comienza a partir del numeral 61, en los cuales el Santo Padre exhorta a los Obispos, presbíteros y diáconos, a los formadores de los seminarios y a los catequistas a que ayuden al pueblo de Dios a beber de la que siempre ha sido la fuente principal de la espiritualidad cristiana que es la Eucaristía.  Reavivar el asombro por la belleza de la verdad de la celebración cristiana, a recordar las necesidades de una auténtica formación litúrgica y a reconocer la importancia de un arte de la celebración que esté al servicio de la verdad del misterio pascual. Ya que la vida cristiana es un continuo camino de crecimiento estamos llamados a dejarnos formar con alegría y comunión.  El documento culmina con una brevísima reflexión sobre el año litúrgico y con una bella oración de San Francisco de Asís.

Así concluye este magistral documento que no hace sino animarnos a profundizar en la formación de todos los bautizados para que pregustemos de la gloria de Dios en la Eucaristía. Ojalá que emprendamos verdaderas acciones catequísticas en torno a la celebración litúrgica de la Iglesia

Descarga/lee la carta apostólica Desiderio Desiravi haciendo clic en el siguiente enlace:

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